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Reseña Histórica

ima0008Las palabras lepra y lazareto son poco comunes en el lenguaje de hoy. Sin embargo, cuando se consulta la bibliografía nacional de un pasado lejano, no muy lejano e incluso reciente, ellas aparecen con sorprendente frecuencia.

La lepra enfermedad que fue designada también como Elefancia o Lázaro, entre otras varias denominaciones, alcanzó el territorio americano con la emigración europea y reprodujo consigo un universo de significaciones morales y religiosas y de instituciones y prácticas de manejo social forjadas en el viejo continente. A principios del siglo XVI la enfermedad ocupaba un lugar en las preocupaciones de los administradores coloniales, quienes sentaron sus fundamentos para su regulación mediante el establecimiento de hospitales de San Lázaro, instituciones donde los enfermos fueron separados y asistidos.

Con el establecimiento de la Nueva Granada apareció la noción de lazareto, en ocasiones leprocomio, como institución para el manejo de la lepra. Mediante la Ley 16 del 5 de Agosto de 1.833 se dispuso el establecimiento de tres lazaretos en las provincias del Primer, Segundo y Tercer distritos, correspondientes a los territorios del Centro Oriente, del Sur Occidente y del Norte de la Nueva República, y se determinó reservar parte de las rentas destinadas para su sostenimiento a la inversión en un lazareto ya existente en Panamá.

En cumplimiento de aquella disposición se expidieron los Decretos 21 de Febrero y 21 de Diciembre de 1.835. Mediante el primero de ellos, el antiguo hospital o lazareto ubicado en Caño Loro fue asimilado al Tercer Distrito.
En el Segundo, se dispuso el establecimiento del lazareto del Primer Distrito en el sitio de la Contratación, determinando el traslado de una concentración de enfermos previamente asentada en el sitio de El Curo, aunque se ignora la fecha en que dicha disposición se hizo efectiva.

Este Lazareto ubicado en lo que es hoy el Municipio de Contratación trabajó con recursos estatales y de beneficencia pública con el objeto de garantizar a los enfermos separados y asilados alimentación, vestido, vivienda y atención médica, religiosa y moral.El manejo reservado de la lepra estuvo determinado por controversias médicas alrededor de aquellas nociones patológicas asociadas con la enfermedad, tales como sitio de asiento orgánico, naturaleza, causas, etiología, definición sintomatológica, nosología, curación o terapéutica.

El desempeño de instituciones de tipo eclesiástico constituyó otro aspecto del manejo social de la lepra. En este sentido se destaca la actividad adelantada por la misión católica de los padres salesianos, procedentes de Turín (Italia) y quienes se establecieron en el país en 1890. Promovieron campañas nacionales para el acopio de recursos económicos exaltando siempre la necesidad de asumir la protección de los enfermos segregados como un asunto de caridad cristiana. Con estos dineros y las subvenciones estatales que administraban, fundaron iglesias, asilos, escuelas, teatros, bibliotecas y otras obras al interior del lazareto. El Estado les delegó funciones de asistencia, educación, conducción moral, cultural y religiosa de la población residente.

Desde el quinquenio del general Rafael Reyes a comienzos del siglo XX, y con la creación de la Oficina Central de Lazaretos, se registró un incremento en la legislación dirigida a establecer medidas de aislamiento riguroso para el control de la lepra. A partir de ese momento se hizo expresa la preocupación del Estado por “evitar la propagación de la enfermedad”, preocupación que se fundaba en el supuesto de su naturaleza contagiosa y en su definición como “calamidad pública” y como un obstáculo para el progreso y para el proyecto de modernización del país. Estas medidas redundaron en el perfeccionamiento de la infraestructura de vigilancia (retenes y cordones sanitarios), en la prevención del contagio y en la desinfección (hospitales, laboratorios, tecnología de higiene, acuñación de una moneda especial de circulación interna en el lazareto), en la autonomía administrativa (oficinas de administración, correo, registro, notaría y juzgado, dependientes directamente del Estado Nacional) y para la restricción efectiva de la convivencia entre los sanos y los enfermos (asilos para niños sanos y enfermos, entre otros). También se mejoraron las instalaciones del lazareto procurando dotarlo de acueducto, habitaciones para enfermos, médicos y agentes administrativos, asilo, escuela, hospital, plaza de mercado y terrenos para labores agropecuarias, entre otras obras.

En muchos casos el mejoramiento en las condiciones de vida en el lazareto y las prácticas de asistencia generaron expresiones de aceptación o complacencia de parte de los enfermos. Pero en general las políticas aislacionistas se enfrentaron a prácticas de resistencia social directa o soterrada por parte de la población asentada en el lazareto. Por ello, las disposiciones normativas nunca pudieron cumplirse a cabalidad y algunas no llegaron a ser realmente aplicadas. El Estado realizó esfuerzos importantes e invirtió recursos económico considerables hasta 1961, cuando se ordenó la disolución de los lazaretos. Éste nunca logró su objetivo de medicalizar, controlar y erradicar la lepra por medio del aislamiento. En cambio, las medidas preventivas fueron ganando terreno en el manejo epidemiológico y terapéutico de la enfermedad.

Hacia finales de la década de 1920 la “campaña antileprosa” pasó a ser un asunto de la higiene pública y la previsión social. Desde 1930, en una política de modernización y racionalidad económica, se intentó disminuir el alto costo de mantenimiento de los lazaretos, promoviendo la salida de aquellos enfermos no contagiosos o “curados sociales” para ser tratados en dispensarios dermatológicos regionales.

Durante las últimas dos décadas de existencia del lazareto, la introducción de un medicamento efectivo para inactivar el bacilo de la lepra a base de sulfotas determinó una política de control de la enfermedad centrada en la administración del tratamiento quimioterápico, el seguimiento de los curados sociales y la búsqueda de nuevos casos infecciosos. Sin embargo, sólo fue hasta el año de 1961 cuando se devolvió a los enfermos el goce pleno de sus derechos y garantías civiles, se suprimió el aislamiento en los lazaretos y se eliminaron los asilos o preventorios de separación de niños sanos hijos de enfermos de lepra. Tras este colapso la población de Contratación se circunscribió al orden municipal y allí se establecieron albergues y lo que hoy es el Sanatorio de Contratación E.S.E., como entidad especializada en la atención de la enfermedad.

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